Gladicita no dejó de ser la mujer fuerte que siempre fue

 

  • Las últimas horas de la mujer que luchó contra el Servicio Militar Obligatorio en Honduras.

Gladys ingresó al hospital el 10 de septiembre, en horas de la tarde. Su preocupación en ese momento era el pago de la cuenta ya que sabía que no teníamos dinero.

No quería que su cuerpo recibiera medicina química. Siempre estuvo contra ella. En su lecho de enferma, Gladicita no dejó de ser la mujer fuerte que siempre fue.

No hubo un solo día de los que permaneció en el hospital donde aceptara que le dolía algo. Cada día que la acompañaba le preguntaba cómo se sentía y su repuesta siempre fue “BIEN”. Cuando le preguntaba si le dolía algo me decía contundentemente “NO”.

Ella me enseñó que cuando la gente estaba llegando a sus últimos días, una debía despedirse y eso hice con ella. El viernes 16 de septiembre, le agradecí sus miles de enseñanzas, le dije que la amaba y por supuesto le puse su “Cipota de Barrio” de Guillermo Anderson.

Su sonrisa al escucharla y los recuerdos de las canas verdes que le saco a su madre, vinieron a su memoria. Se fue con ganas de comer “chancho asado”, eso fue lo que pidió cuando le preguntaron que quería comer.

No quiso que la vieran en cama de hospital, además de su familia pidió que únicamente Cristina Alvarado y yo la viéramos. Sus últimas gestiones y preocupaciones fueron dejar al día lo relativo a la URSAC y  que la Tribuna de Mujeres contra los Femicidios siguiera impulsando el Premio a la Comunicación. En sus últimas notas se encargó que supiéramos que nos quería y que nos agradecía lo que hacíamos por ella.

Gladys Lanza en la mirada de Merly Eguigure

Tegucigalpa, 5 de diciembre de 2016