Historias sobre violencias contra la mujer

29. dic., 2016
  • Esta historia cuenta cómo la violencia contra una adolescente atravesó los destinos de tres mujeres de distintas condiciones y edades.

Redacción: Wendy Funes

Tegucigalpa. El 27 de noviembre se cumplieron diez años del femicidio contra la adolescente, Keila Janina Perdomo Rodríguez.  Su nombre por sí solo es un dato más en el mar de cifras y nombres de las morgues de Honduras.

Pero el drama de su muerte sigue presente una década después entre los vecinos de la colonia Sagastume de Tegucigalpa.

A la niña la mató un hombre que la acosaba y la pretendía, le quitó la vida con un arma blanca mientras ella regresaba de comprar tortillas.

Ese día, una de las reporteras de sucesos de un periódico de la capital llegó a la escena a reportear con su hijo de un año de nacido.

En la mente de la reportera de la crónica roja, era la cobertura típica de otra mujer que mataban en la capital del país.  Nada extraño en una ciudad donde las muertes de mujeres son frecuentes, pensaba.

La misma rutina de siempre, la policía iba, recogía el cuerpo, mientras ella husmeaba y hacía entrevistas para investigar que pasó.

Después los técnicos recogían evidencias de la escena, metían el cadáver a un bolsa negra y lo llevaba al cuarto frío de Medicina Forense.

Un trabajo rutinario y aparentemente poco peligroso; pero esta escena era inusual.

En la escena del crimen, había tortillas esparcidas sobre la calle de tierra; a pocos metros, en una casa de madera, cubiera con techo de zinc, se refugiaba el supuesto asesino, Cristino Salomón Matute Rosales, con un machete en la mano.

Los policías dispararon contra el supuesto asesino porque oponía resistencia para ser detenido. La reportera vio al sospechoso queriendo atacar con un machete a los detectives de la Dirección General de Investigación Criminal (DGIC).

Más tarde, el mismo día del crimen, Matute Rosales fue finalmente puesto en prisión. Murió en forma violenta, menos de seis meses después, dentro de la cárcel. No estaba condenado aún.

Su muerte ocurrió en circunstancias no esclarecidas, dentro de la Penitenciaría Nacional, 17 kilómetros al norte de la capital. 

10 años después

Ahora es diciembre de 2016, hace frío en la capital. Acaba de concluir una conferencia de prensa para anunciar la inclusión de adolescentes y jóvenes en la Campaña Global Basta, cuyo eslogan internacional es #DigamosBasta y la etiqueta local es #Queretevos #Nocallés.

Precisamente, la campaña inició a finales de noviembre, en la víspera del aniversario de muerte de la adolescente.

La reportera nunca olvida la impresión que le causó esta muerte y el peligro que corrió su hijo, que ahora tiene 11 años, al encontrarse con Lucila Blandón, una líder comunitaria que trabaja en  la colonia Sagastume, le consultó si recuerda el crimen  contra la adolescente.

Blandón dijo que está en la memoria de toda la comunidad porque es un duelo de varios años. Su pelo blanco y sus ojos le dan más énfasis a su dolor.

“Una niña que acababa de graduarse, él se sentía defraudado porque no le hacía caso, la vigió (vigiló) y le dio con el machete. Mire nosotros vivimos algo, que nosotros estamos contra la violencia contra las mujeres, nosotras nos sentíamos indignadas al ver que nosotras queríamos hacer algo, pero no podíamos porque el hecho ya estaba”.

“Ella me contó a mí, viera que hay que un hombre que como me acosa, me dice cosas y yo no le hago caso, la niña estaba amenazada hacía un mes. Yo platiqué con la mamá y quizás nunca imaginó que iba a llegar a este extremo”.

Ahora las vecinas de la colonia hacen actividades en memoria de la joven porque les duele la muerte de una niña que comenzaba a vivir.   

Blandón siente que este hecho le da más fuerza para trabajar en su comunidad , haciendo manifestaciones para pedir un Basta Ya a la violencia contra las mujeres.

Aunque el hombre que supuestamente la mató estuvo preso no hubo un juicio por este caso y Blandón siente que el dolor de la pérdida, la falta de justicia y la violencia continúan, por eso es necesario seguir trabajando, dijo Blandón.